Conciencia de la desigualdad

Construyendo paz

Círculo de mujeres 25 de Noviembre

El encuentro del sábado 25 de noviembre, día en que retomamos la conciencia de la desigualdad, de la violencia que las mujeres de todo el mundo recibimos por el hecho de ser mujeres, se celebró en torno a la voluntad de contribuir a transformar  la construcción social desigual de los seres humanos, una construcción  que nos clasifica desde el nacimiento, e incluso  antes, de forma jerárquica, según  el distintivo que se nos asigne en función de nuestro sexo.

Ilustración para Crisálida de Paloma GGLa sobrevaloración, de lo supuestamente, masculino y la infravaloración, de lo supuestamente, femenino, nos lleva a mujeres y hombres a negar parte de nuestras cualidades, a temer la respuesta social de exclusión si mostramos esa parte que no está valorada, que no nos sitúa en el escalón del poder, y vamos incorporando conductas que legitimados desde el orden establecido, conductas de abuso  de dominación, de discriminación, de negación.

Hombres y mujeres, como seres sociales, participamos de esta realidad que hay que cuestionar, desmontar, subir a la conciencia, para poder transformar desde lo más sutil, desde lo más cotidiano.

Pensemos en nuestra vida diaria, en la de hoy y en nuestra historia. Todos y todas nos encontraremos con alguna situación en la que está desigualdad ha estado presente, podemos ir desde la obligación de hacer por ejemplo alguna tarea doméstica o de cuidado por ser mujer a la prohibición de ciertas actividades. También los varones sufren limitaciones y exigencias, se les prohíbe habitualmente mostrarse vulnerables, expresar emociones que se consideran femeninas y se les exige por otro lado mostrar fuertes y seguros.

Considerar las emociones femeninas o masculinas nos limita, denegar el acceso a determinadas actividades nos discrimina, repartir la autoridad de forma desigual nos desempodera y con toda esta desigualdad acabamos creyendo que nuestros derechos no son los mismos, actuamos como ciudadanas de segunda y nos sentimos con menos valor mientras que quienes están en la posición privilegiada pueden llegar a creerse con más derechos y tener conductas de discriminación y/o justificar el mal trato, el descuido y la falta de reconocimiento.

Estas vivencias hacen que nuestras necesidades puedan no estar satisfechas, necesidades como el amor, el cuidado  el agradecimiento, el apoyo, la autonomía, la aceptación, la integridad, la diversión y la necesidad de sentirnos en paz, entre otras.

Cuando sentimos que nuestras necesidades no están satisfechas, no son respetadas, tendemos a responsabilizar a otras personas, decimos que nos hacen sentir incomprendidas, abandonadas, atacadas, humilladas, desdeñadas, excluidas… Cuando expresamos nuestras emociones de este modo, ponemos la autoridad fuera, en realidad estamos interpretando a los y las demás que expresando nuestros sentimientos.

Marshall Rosenberg propone elaborar un vocabulario adecuado para nombrar los sentimientos, un  vocabulario que nos haga ser el centro de este sentir y que no ponga el poder fuera, si yo me siento apenada, decaída, defraudada, impotente, estancada, dolida, paralizada… Me hago cargo de mi, de mis sentimientos y puedo mirar con mayor objetividad las circunstancias o situaciones en las que me siento así, podré valorarlas y plantearme como cambiarlas.

Si dejo de sentirme víctima y me siento con la capacidad de tomar decisiones, de buscar apoyos, de compartir mi tristeza o mi miedo, si asumo la responsabilidad de mis propios sentimientos, podré darme cuenta de que soy más libre y capaz de lo pensaba.  Y en lugar de centrar mis acciones en el otro, en la otra, me centraré en mi, en la construcción de mejores condiciones para mi.

Víctor Frank escribió que “cuando ya no se puede cambiar una situación tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros/as mismos/as”.

Quizá no podamos hoy cambiar todas las situaciones que nos provocan dolor y nos despojan de nuestros derechos, pero si podemos cambiar nuestra forma de reaccionar ante estas situaciones y así, haciéndonos cargo de nuestro propio cambio, seguro que contribuimos a cambiar el mundo.

 

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