Psicosomática: Dolor y psicología

Os dejamos esta entrevista que la publicación Mente Sensible ha realizado a una de nuestras colaboradoras. Paquí Pozuelo, psicóloga sanitaria 

Paquí Pozuelo trabaja con el dolor, tanto psicológico como físico y dice: “me muestra cada día hacia donde queremos o deseamos orientar nuestra vida: Lo que necesitamos, sentimos, deseamos y que en algunos momentos nos bloqueamos sin saber qué hacer.”

De esta manera, su interés por trabajar con dolor crónico es muy grande puesto que hay mucho por hacer y resolver en cuanto al manejo, resolución, apoyo emocional, etc.. y a cambiar el concepto de “trabajar para aprender a convivir con el dolor” por “resolver para no doler” a través de los grupos y del trabajo individual terapeútico.


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La normalización de la desigualdad

La normalización de la desigualdad

8 de Marzo de 2018.- Día Internacional de la Mujer

Con motivo del 8 de marzo, en el encuentro del círculo de mujeres abordamos las diversas manifestaciones de la desigualdad, los mecanismos que la perpetúan, las creencias erróneas que la mantienen y las estrategias del sistema patriarcal para hacer responsables a las mujeres de su propia discriminación.

Este 8 de marzo, más que nunca, se han unido dos fechas emblemáticas en el ideario: la lucha por los derechos y la lucha contra la violencia de género.

Hanne Dahl, parlamentaria europea, trabajando en la Eurocámara.

La huelga feminista tenía el objetivo de visibilizar el trabajo de las mujeres, el productivo y el reproductivo, el que mantiene el precario sistema de bienestar de algunas sociedades y el que está en la base de los cuidados  en todo el mundo.

Sin el trabajo realizado tradicionalmente por las mujeres, ya sea por asignación tradicional, ya por incorporación laboral, el mundo se para, ese trabajo invisibilizado, negado, mal pagado y escasamente reconocido mantiene a la mitad de la población mundial en situaciones de sobre-exigencia y precariedad.

 

 

¿Cuando se jubilan las mujeres? Algunas sin derecho a pensión tras una vida de trabajo sin ser reconocido su trabajo.

Toda la sociedad debe tomar conciencia de la desigualdad. Dice Byung-Chul Han que en las sociedades modernas, especialmente en las occidentales, la esclavitud es optar por el sometimiento. “Nos creemos libres y nos explotamos hasta el colapso”, la mujer moderna sigue en la encrucijada entre la tradición y la modernidad, con la doble jornada y la exigencia de estar al día, ser activa, y demostrar su valía tanto en esfera pública como en la privada.

El lenguaje cotidiano sigue ocultando la presencia de las mujeres, seguimos utilizando lenguaje sexista a pesar de la existencia de genéricos, nos sigue costando utilizar palabras tan simples como “profesorado” o “alumnado” y por inercia se utilizan los masculinos que no representan al total de la comunidad (profesores o alumnos).

Seguimos interpretando de forma distinta una misma conducta según quien la emita, aplicando “reglas morales” diferentes a hombres y mujeres, especialmente en relación con los cuidados, la inteligencia, la sensibilidad y la sexualidad.

Cuando por un mismo trabajo se percibe remuneración diferente, cuando se utilizan las palabras ya como insultos ya como alabanzas según a quien vayan dedicadas, cuando los cuerpos se convierten en herramientas de control… se está expresando la desigualdad, la discriminación aprendida y que se torna inconsciente. ¡Son tantas las formas en que la desigualdad se muestra!

Hoy día, en nuestras sociedades, esas a las que llamamos avanzadas, la violencia contra las mujeres es en muchas ocasiones soterrada, oculta, disfrazada, y en otras es tan evidente y descarada que se reviste de normalidad.

Otra manifestación de esta discriminación es la ausencia, en pleno siglo XXI de mujeres en los libros de texto, no se nombra a mujeres en los libros de historia, de literatura, de música, de pintura, etc. Las mujeres como autoras y protagonistas siguen apareciendo de forma anecdótica en la mayoría de los textos, a pesar de haber colectivos que tratan de cambiar esta forma de contar la historia. Mujeres como Olimpie de Gauges, mujer fundamental en la Revolución Francesa, Mary Woolstonecraft, filosofa y escritora inglesa, Concepción Arenal, escritora realista y otras tantas que no cabrían en varios tomos.

Mary Shelley / Agatha Christie / Rosalía de Castro / Linda Berrón Sañudo / Rosa Montero / Virginia Wolf / Karen Blixon “Isak Dinesen” / Gabriela Mistral / Jane Austen / Patricia Highsmith / Cecilia Böhl de Faber / Gloria Fuertes / Ana María Matute / Marguerite Yourcenar “Marguerite Crayencour” / María Zambrano / Espido Freide / Carmen Martín Gaite / Emilia Pardo Bazán / María Teresa León Goyri / Isabel Allende / Gioconda Belli /  Almudena Grandes / Joanne Rowling “J.K. Rowling” / Emilie Bronte / Simone de Beauvoir / Lucía Etxebarría / Carmen Laforet / Alfonsina Storni /  Juana Inés de Asbaja y Ramirez de Santillana “Sor Juana Inés de la Cruz” / Dulce Chacón

 

Si aun sabiendo su existencia, tenemos que estudiarlas en libros específicos sobre la participación de las mujeres, quiere decir que están excluidas de los textos que se estudian en la escuela, y así, los y las jóvenes siguen creyendo que el mundo es cosa de hombres, hecho por y para ellos.

El uso de pornografía donde las mujeres se convierten en objetos, despojadas de todo lo humano y expuestas a la mirada del otro con el único objetivo del disfrute del vouyer.

La exigencia de  una estética femenina que reduce los cuerpos a delgadeces imposibles, enfermizas, la necesidad de mostrarse y el peso que se da a las chicas y mujeres como responsables de esas elecciones, sin que nos cuestionemos que es el negocio de la moda el que pone en circulación estas prendas, ésta estética y acusando a las niñas, las adolescentes y las adultas de provocar las reacciones de sus compañeros y de los hombres con los que se encuentran, como si quienes diseñan y comercializan no tuvieran responsabilidad alguna, y como si los hombres, adolescentes o adultos no fueran responsables de sus propias miradas y acciones.

En esta construcción desigual al hombre se le despoja de la sensibilidad, de la voluntad consciente y se le interpreta como una víctima de sus pasiones. Se infantiliza a las mujeres y se animaliza a los hombres y unas y otros se ven estereotipados, despojados de parte de su humanidad, disminuidos en sus posibilidades por los límites de las creencias erróneas, y vamos construyendo así una identidad parcial, reducida, sesgada y seguimos reproduciendo una y otra vez los mismos prejuicios, sin hacernos conscientes de los mecanismos que crean y mantienen esta desigualdad.

Necesitamos pararnos a reflexionar, participar en grupos, debatir… descorrer los velos de la ignorancia que nos mantiene en la caverna. Necesitamos ser valientes y cuestionarnos todo lo aprendido para poder contribuir a construir una realidad más justa, más equitativa, más centrada en el desarrollo de las personas sin limitaciones por razón de sexo, edad, color, procedencia, estatus, orientación del deseo… es responsabilidad nuestra contribuir al cambio y el cambio, aunque no es fácil es realmente posible.

 

Artículo escrito por:

Fanny Sánchez Juan

Psicóloga especialista en Psicología Clínica, Medicina Psicosomática y Psicología de la Salud, Infancia y Adolescencia, Género y Desarrollo.
Colegiada M-11119
 
 
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Violencia contra las Mujeres y Trastornos de la Alimentación

8 de Marzo

Violencia contra las Mujeres y Trastornos de la Alimentación.

Desde hace siglos vivimos la división cultural del mundo en dos grandes modelos, que van cambiando y ajustándose a los tiempos y que se van construyendo según los intereses de las diversas culturas y sociedades. Así se nos presentan modelos de ser mujer y de ser hombre. Las mujeres han desarrollado un género social que se relaciona con los cuidados, la reproducción, y la necesidad de ser vista y reconocida para tener identidad. Los varones por su parte, han desarrollado una identidad de género asociada al control, la fuerza, el trabajo remunerado, la tecnología y la representación social u política.

Esta diferenciación es una clasificación jerárquica, el varón tiene valor por si mismo, la mujer debe mostrar su valor en función de la mirada de otros. La construcción de la identidad de género comienza ya antes del nacimiento, desde el momento de la concepción. Las personas individuales van adaptando su comportamiento y su identidad a los modelos y expectativas sociales generadas.

Esta jerarquización genera un sistema de relaciones de poder en las que el modelo masculino es el valorado y el femenino el subordinado. Este sistema, que llamamos patriarcal, se asienta sobre una serie de creencias erróneas: los estereotipos de género y el lenguaje sexista y no inclusivo es una de las herramientas por las que el sistema se perpetúa. Esta es la base de la violencia de género, descrita ya por numerosas expertas y expertos.

Al hilo del DÍA DE LA MUJER, los y las miembros del Grupo de Trastornos Alimentarios (anorexia, bulimia y otros) y Obesidad del COP de Madrid, no queremos dejar pasar la oportunidad de remarcar que algunos componentes que “ayudan” a emerger los trastornos alimentarios tienen relación directa con las distintas manifestaciones de la violencia sobre la mujer y las microviolencias de la vida cotidiana, como el ninguneo, la luz de gas, la cosificación, la agresión…

La cultura popular dominante a menudo centra la atención en el cuerpo de las mujeres. Los modelos estéticos, disociados del concepto de salud biopsicosocial y centrados en las modas y el consumo, nos presentan cuerpos imposibles, anclados en la pubertad, se niegan los cuerpos de las mujeres, sus formas y, en este entorno, las mujeres van elaborando su proceso identitario de acuerdo con patrones sociales y culturales en los que la valía está en la apariencia. La delgadez se convierte en un valor social que se muestra a través de los medios de comunicación. Recibimos continuamente imágenes que nos muestran cómo son los cuerpos de éxito y esta presión recae especialmente sobre las mujeres.

Desde los juguetes hasta las revistas, los mensajes diferenciados para niños y niñas, chicos y chicas van conformando los diferentes modelos de ser persona adulta, y en el transito de la adolescencia, se desean cuerpos imposibles que nos traerán el ansiado reconocimiento social.

Los ideales de una belleza eterna, perfecta, sin fallos ni defectos, absolutamente fuera de la realidad se promueven cada vez más desde redes sociales como Instagram, Facebook, Snapchat, entre otras. En estas mismas cuentas, la aparición de comida sana, “healthy” provoca una idea errónea de pautas alimenticias que ayudan también a la formación de los trastornos de la conducta alimentaria en personas con factores psicológicos vulnerables.

La idea que prevalece en el fondo de la cuestión sobre los cánones de belleza que promueven estas redes y cuentas sociales es la de evitar envejecer, en los dos sexos, pero en el caso de la mujer cobra más peso la idea de la eterna juventud, ya que las mujeres sufren más presión, menos valoración, menos visibilidad en todas las esferas de la vida a medida que ganan años y arrugas.

La prevalencia de los TCA (trastornos de conducta alimentaria) en la sociedad es del 0,7% a 3% de TCANE (trastornos de la conducta alimentaria no especificado) 1% de bulimia nerviosa en mujeres y 0,3% de anorexia nerviosa en mujeres jóvenes (fuente, Revisión Sistemática de Evidencia Científica: RSEC 2006), aunque los datos de la prevalencia varían según país y estudio escogido, habiendo estudios que elevan la cifra a un 14% de la población.

Hablar de trastornos de alimentación (anorexia, bulimia y otros) implica comprender y abordar el problema desde variables bio-psico-sociales. Alrededor del 90% de las personas afectadas son mujeres frente a un 10% de hombres. Dentro de los factores predisponentes, perpetuantes y precipitantes tenemos el haber sufrido abusos sexuales, la educación orientada al cuidado del otro y no al propio cuidado, modelos estéticos dominantes que promueven la extrema delgadez y no representan la diversidad, presión a la mujer de tener pareja como medio de realización personal y social, cosificación en la publicidad, retoque fotográfico publicitario como forma de engaño…

Luchar contra el machismo es educar en la igualdad de derechos. Educar desde un modelo no sexista, no jerarquizado, es educar en el feminismo. Educar para ser, para que cada persona tenga valor en sí misma, con independencia de las tradicionales categorías socioculturales y de género. Trascender el sistema patriarcal supondría una disminución en la tasa de diagnóstico y la mejora del éxito del tratamiento.

Los y las miembros del grupo de trabajo en Trastornos Alimentarios y Obesidad del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid condenamos todo tipo de machismo, macro y micro, evidente y sutil y apoyamos la construcción de un modelo social feminista en el que se promueve la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, la igualdad de derechos entre todos los seres humanos sin categorizaciones.

 
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La importancia de la respiración

La importancia de la respiración

La respiración nos acompaña a lo largo de toda nuestra vida, marca nuestra llegada al mundo y nuestra marcha del mismo.

Respirar es un acto involuntario, automático, cuya función es intercambiar oxígeno y anhídrido carbónico. Cuando inspiramos, el oxígeno que contiene el aire llega a los glóbulos rojos y cuando expiramos expulsamos el anhídrido carbónico que se ha producido en nuestras células.

A través de la respiración estamos en un intercambio permanente con el mundo, con todo lo que nos rodea, compartiendo el aire respirado

La respiración se conecta directamente con nuestras emociones y con nuestra salud. Cada emoción nos prepara para actuar de una manera determinada. Según las necesidades de nuestro organismo necesitaremos un aporte de oxígeno, por lo que nuestra respiración se verá afectada, así por ejemplo, será más rápida con emociones como el miedo o la ira y será más lenta y profunda con la tristeza.

La respiración es un síntoma, un indicador de nuestro estado emocional y de nuestra salud. A pesar de ser un proceso automático e involuntario, podemos controlarla de forma voluntaria y es por tanto una buena puerta de entrada al autocuidado y autoconciencia.

Si puedo darme cuenta de cómo es mi respiración, podré darme cuenta de cómo me siento y a partir de ahí, plantearme los cambios necesarios para mejorar y aprender a respirar de forma más consciente.

El proceso respiratorio está en la base de todas las técnicas de relajación y de meditación. La respiración profunda hace que se expandan los pulmones, los recursos se optimizan y el corazón late más despacio. Igual sucede a la inversa; la respiración rápida y superficial obliga al corazón a latir más deprisa para llevar el oxígeno necesario a las células de nuestro cuerpo.

Con el exceso de estímulos y demandas con que vivimos hoy día, nuestro organismo está casi de forma permanente en estado de alerta, como si tuviéramos que afrontar un peligro que pone en riesgo nuestra vida, la realidad objetiva es que nos hemos acostumbrado a vivir así, rápido, con agitación, sin calma, nuestra vida diaria es vivida como “una batalla” y, lógicamente, nuestra respiración se torna rápida y superficial.

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Pararnos un momento a sentirnos, percibir nuestra respiración, tomar conciencia de cómo es, puede ser acto pequeño que se torne muy grande, un gran regalo. Ocupamos el centro de nuestra existencia y nos situamos aquí, ahora, en el presente. Aunque sea solo un minuto al día, si nos damos la importancia que realmente tenemos, podremos regalarnos este tiempo de respiración consciente y a partir de ahí…  a respirar.

Pruebalo ahora: 1 minuto de respiración

Bibliografía recomendada:

Artículo escrito por:

Fanny Sánchez Juan

Psicóloga especialista en Psicología Clínica, Medicina Psicosomática y Psicología de la Salud, Infancia y Adolescencia, Género y Desarrollo.
Colegiada M-11119
 
 

 

 

 

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El trauma

El trauma

¿Qué es el trauma?

A menudo utilizamos esta palabra para referirnos a situaciones que nos generan dolor, que suponen un impacto emocional importante que sabemos nos va a costar superar.

La palabra trauma, de origen griego, significa “herida”, de modo que cuando hablamos de trauma psicológico estamos hablando de “herida en el alma”.

La RAE define trauma “como choque emocional que produce un daño duradero en el inconsciente” “emoción o impresión negativa, fuerte y duradera” “lesión duradera producida por un agente mecánico, generalmente externo”.

Si buscamos traumatismo nos encontramos con la siguiente definición “lesión de los órganos o los tejidos por acciones mecánicas externas”

Aplicando esta definición al trauma psicológico, podemos decir que es una lesión que se produce como resultado de un dolor emocional de gran intensidad que dificulta y/o distorsiona el funcionamiento mental y emocional.

Las heridas físicas se ven, son evidentes y cuando tenemos una herida tratamos de cuidarla para que se cure, la protegemos, porque sabemos que si cierran mal pueden infectarse y generar complicaciones, más dolor y se dificulta su curación.

Con las heridas emocionales sucede lo mismo, pueden complicarse si no las atendemos de forma adecuada, pero como no son tan evidentes, como no se ven a simple vista, tendemos a negarlas, a distraernos para no prestarles atención y entonces aparecen los síntomas y convertimos el dolor en sufrimiento. Podemos tener abiertas heridas muy antiguas, que han ido sumando.

Este dolor puede producirse por una quiebra en el sentimiento de seguridad básico, por la vivencia de una o varias situaciones que amenazan el bienestar o la vida o por la percepción de las mismas.

Perdida de equilibrioLa pérdida de la seguridad hace que el mundo interno se tambalee, se pierde el equilibrio y ante la vivencia de inseguridad el estado de alerta se activa de forma permanente. Todos los niveles de funcionamiento se pueden ver afectados, en el área cognitiva, se desarrollan creencias condicionadas a la o las situaciones vividas que se acompañarán de las correspondientes emociones y su correlato fisiológico.  Todas las creencias, conscientes o no, se relacionan con las emociones que permiten coordinar estas creencias con las conductas, para ello, nuestros procesos bioquímicos producen o dejan de producir determinadas sustancias que preparan nuestro cuerpo para las acciones.

La experiencia subjetiva es la que va a determinar si la situación vivida pasa de ser dolorosa a ser traumática. Son numerosas las situaciones que pueden ser susceptibles de trauma, desde desastres naturales hasta episodios de victimización. Después de haber vivido estas experiencias podemos sentir malestar físico, los dolores de cabeza, ansiedad, dificultades de concentración, confusión, irritabilidad, ira, pesadillas, insomnio, depresión, son, junto a muchos otros síntomas, señales de que hay heridas pendientes de sanar.

Textos de referencia y Lecturas recomendadas:

  • Supera tu pasado. Francine Shapiro. Publicado por Kairos
  • La enfermedad como camino. Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke

Artículo escrito por:

Fanny Sánchez Juan

Psicóloga especialista en Psicología Clínica, Medicina Psicosomática y Psicología de la Salud, Infancia y Adolescencia, Género y Desarrollo.
Colegiada M-11119
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Mindfulness y nuestro cerebro condicionado

¿Por qué el mindfulness puede ayudar?

En esta sociedad de exigencia y de obligaciones otra actividad puede generar más estrés del que ya tenemos. ¿Por qué introducir el mindfulness en nuestra vida? Porque no es una actividad más, simplemente es vivir con plena atención al momento que está en nuestras manos.

Mindfulness y nuestro cerebro condicionado

Nuestro cerebro se ha adaptado como prioridad a la supervivencia del individuo durante miles de años, para ello ha priorizado la permanencia en un grupo con lo que ello conlleva de desventajas y ventajas:

  • Emociones de culpa para que mi conducta sea adecuada para con el grupo,
  • Emociones de agresividad, dominancia o sumisión, según la circunstancia
  • Emociones de amor y apego para la permanencia en el grupo.

Esto sería la adaptación filogenética, es decir la adaptación propia de la especie humana, pero también hay una adaptación ontogenética relacionada con la adaptación individual propia de la existencia de cada ser humano. Nuestro cerebro sufre un aprendizaje desde el principio de la existencia a partir de nuestras vivencias personales, y cada cerebro lo hace basado en su propia anatomía y fisiología según la genética. En la psicología del aprendizaje este hecho se conoce como condicionamiento. Los condicionamientos se van desarrollando a lo largo de la vida y produce en nosotros reacciones automáticas con el fin de ahorrarnos peligros y asegurar la adaptación al  medio para la supervivencia. El ejemplo más conocido del condicionamiento clásico es la salivación al oír la campana (y no en presencia de comida) en el experimento de los perros del científico ruso A. Paulov.

¿Qué tiene esto que ver con nuestra conducta?

En muchas ocasiones nos vemos envueltos en reacciones automáticas ante estímulos externos que cuando llegan a la conciencia ya se han producido; estas reacciones normalmente en vez de solucionar la situación externa, la empeoran.

El cerebro procesa los automatismos y las decisiones conscientes en distintos lugares. Gracias a ello podemos seguir aprendiendo. Cuando ponemos Conciencia y Atención una de las regiones anatómicas que se activa de nuestro cerebro es  el lóbulo prefrontal.

No somos culpables de la conducta que mostramos

Pero OJO, tampoco lo son los demás.

Darse cuenta de esto  supone un alivio tremendo y a la vez surge la responsabilidad de hacerme consciente de mis procesos mentales. Se produce una gran liberación al darme cuenta de que no soy culpable de mis reacciones automáticas …y también se produce un cambio radical en mis relaciones al entender que los demás no pueden hacer otra cosa de la que hacen al reaccionar con sus automatismos como me ocurre a mí.

LOS PENSAMIENTOS NO SON HECHOS

Mi cerebro interpreta la realidad y la interpretación siempre es parcial y sesgada en mí y en los demás

¿QUÉ HACEMOS?

ATENCIÓN en cada instante, eso es  MINDFULNESS

Dedicando un rato a la meditación un rato cada día para entrenar la atención y así el resto del  día poder ser consciente de mis reacciones automáticas, de mis emociones y de mis pensamientos pero que son resultado de mis condicionamientos. Y sólo cuando lo observo y lo comprendo puedo trascender y entonces trabajar para el cambio.

Artículo escrito por:

Mar García Gaya

Especialista Mindfulness MBCT

 

 

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El apego adulto

Nuestra seguridad y nuestra infancia

¿Qué hace que una persona se sienta segura, tranquila, con confianza en sí misma, en los y las demás y  en la vida?

La respuesta a esta pregunta tiene, casi siempre, sus raíces en nuestra primera etapa de vida, en nuestra infancia. Si preguntamos a una persona adulta como fue su infancia, pueden darnos una respuesta genérica de buena o mala. Habitualmente es mala cuando ha habido sucesos traumáticos y/o la persona no se ha sentido aceptada o querida en su entorno.

Muchas personas nos dirán que su infancia fue buena, pero si miramos  con profundidad, también hubo situaciones adversas, personas que no les trataron bien, vivencias de inseguridad o miedo.

Tanto en uno como en otro grupo, encontraremos quienes siente confianza y seguridad y quienes por el contrario, sienten desconfianza e inseguridad.

Las relaciones que establecemos en la infancia con nuestras figuras de referencia van a determinar la sensación subjetiva de bienestar. A estas relaciones les llamamos relaciones de apego.

Bowlby fue el pionero del trabajo en apego, en 1969 describió como se establecen estos vínculos con las personas que nos cuidan y la ansiedad que separarnos de estas personas genera.

Nacemos con una programación para la supervivencia, la criatura humana depende de quienes la cuidan para poder vivir y crecer ya que por si sola es incapaz de cubrir sus necesidades vitales. Para poder desarrollar una base segura, que nos de sensación de bienestar, necesitamos afecto, un afecto que cumpla tres requisitos: proximidad, seguridad y refugio.

Si observamos el comportamiento infantil en un parque de juegos, veremos como el niño o la niña mantiene una relación con su figura de referencia, se alejan siempre que puedan mantener contacto visual, sienten seguridad cuando está figura está presente y accesible y se asustan si no saben donde está, hasta llegar a sentir miedo.

En 1982, Morros planteó que el vínculo primario de apego es el prototipo para las relaciones adultas.

Tipos de apego:

Se diferencia  tres tipos de apego, en cada uno la figura cuidadora tiene unas características determinadas que dan lugar a diferentes comportamientos infantiles.

  • Apego seguro:

Hablamos de apego seguro, cuando la persona de referencia está disponible, receptiva y se relaciona con calidez. Esto estimula la exploración activa, respuestas positivas ante esta persona que cuida y ansiedad si se produce la separación

  • Apego evitativo:

En el apego evitativo, la figura de referencia muestra rechazo, rigidez, hostilidad y cierta aversión al contacto, con esto se genera conductas de distanciamiento y de evitación del cuidador o cuidadora.

  • Apego Ansioso-ambivalente:

En el caso del apego ansioso-ambivalente, habrá inconsistencia, intrusividad e insensibilidad lo que dará lugar conductas de ansiedad, enfado, ambivalencia y protesta.

Muchas son las variables que afectan a la relación de apego, además del estilo de la madre, del padre y de las principales figuras cuidadoras, está el temperamento individual del niño o la niña; además las situaciones vitales que van sucediendo pueden alterar el modelo relacional.

Cuando las figuras de referencia tienen dificultades, los vínculos se verán afectados. Enfermedades, accidentes, pérdidas, conflictos… todo cuanto acontece puede afectar al modelo relacional.

En función del tipo de apego, elaboraremos unas creencias sobre los y las demás y sobre nosotras y nosotros  mismos. Un indicador de las relaciones de apego es la forma en que nos relacionamos con el trabajo, tanto con la actividad en sí como con el resto de compañeros/as. El apego seguro se relaciona con la alta autoestima y con bajos niveles de afectividad negativa.

El tipo de apego, se relaciona por tanto con la forma en que transmitimos el amor, expresamos las emociones y establecemos los limites.

Como personas adultas podemos hacernos cargo de nuestra manera de vincularnos y hacer los cambios necesarios para poder sentir seguridad y mejorar nuestra sensación de bienestar.

 

Hacernos cargo de nosotros y nosotras mismas, relacionarnos desde la aceptación y el amor con quienes somos, nos permitirá vincularnos de forma segura con el entorno. Una manera de hacernos cargo es la búsqueda de ayuda especializada, dándonos así la importancia que tenemos y situándonos en el centro de nuestra propia historia.

Textos de referencia y Lecturas recomendadas:

  • El apego adulto. Judith Feeney y Patricia Noller. Publicado por Desclée De Brouwer (2012)
  • Supera tu pasado. Francine Shapiro. Publicado por Kairos
  • Teoría del apego. Mario Marrone. Publicado por Psimatica, 2013

 

Artículo escrito por:

Fanny Sánchez Juan

Psicóloga especialista en Psicología Clínica, Medicina Psicosomática y Psicología de la Salud, Infancia y Adolescencia, Género y Desarrollo.
Colegiada M-11119
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Conciencia de la desigualdad

Construyendo paz

Círculo de mujeres 25 de Noviembre

El encuentro del sábado 25 de noviembre, día en que retomamos la conciencia de la desigualdad, de la violencia que las mujeres de todo el mundo recibimos por el hecho de ser mujeres, se celebró en torno a la voluntad de contribuir a transformar  la construcción social desigual de los seres humanos, una construcción  que nos clasifica desde el nacimiento, e incluso  antes, de forma jerárquica, según  el distintivo que se nos asigne en función de nuestro sexo.

Ilustración para Crisálida de Paloma GGLa sobrevaloración, de lo supuestamente, masculino y la infravaloración, de lo supuestamente, femenino, nos lleva a mujeres y hombres a negar parte de nuestras cualidades, a temer la respuesta social de exclusión si mostramos esa parte que no está valorada, que no nos sitúa en el escalón del poder, y vamos incorporando conductas que legitimados desde el orden establecido, conductas de abuso  de dominación, de discriminación, de negación.

Hombres y mujeres, como seres sociales, participamos de esta realidad que hay que cuestionar, desmontar, subir a la conciencia, para poder transformar desde lo más sutil, desde lo más cotidiano.

Pensemos en nuestra vida diaria, en la de hoy y en nuestra historia. Todos y todas nos encontraremos con alguna situación en la que está desigualdad ha estado presente, podemos ir desde la obligación de hacer por ejemplo alguna tarea doméstica o de cuidado por ser mujer a la prohibición de ciertas actividades. También los varones sufren limitaciones y exigencias, se les prohíbe habitualmente mostrarse vulnerables, expresar emociones que se consideran femeninas y se les exige por otro lado mostrar fuertes y seguros.

Considerar las emociones femeninas o masculinas nos limita, denegar el acceso a determinadas actividades nos discrimina, repartir la autoridad de forma desigual nos desempodera y con toda esta desigualdad acabamos creyendo que nuestros derechos no son los mismos, actuamos como ciudadanas de segunda y nos sentimos con menos valor mientras que quienes están en la posición privilegiada pueden llegar a creerse con más derechos y tener conductas de discriminación y/o justificar el mal trato, el descuido y la falta de reconocimiento.

Estas vivencias hacen que nuestras necesidades puedan no estar satisfechas, necesidades como el amor, el cuidado  el agradecimiento, el apoyo, la autonomía, la aceptación, la integridad, la diversión y la necesidad de sentirnos en paz, entre otras.

Cuando sentimos que nuestras necesidades no están satisfechas, no son respetadas, tendemos a responsabilizar a otras personas, decimos que nos hacen sentir incomprendidas, abandonadas, atacadas, humilladas, desdeñadas, excluidas… Cuando expresamos nuestras emociones de este modo, ponemos la autoridad fuera, en realidad estamos interpretando a los y las demás que expresando nuestros sentimientos.

Marshall Rosenberg propone elaborar un vocabulario adecuado para nombrar los sentimientos, un  vocabulario que nos haga ser el centro de este sentir y que no ponga el poder fuera, si yo me siento apenada, decaída, defraudada, impotente, estancada, dolida, paralizada… Me hago cargo de mi, de mis sentimientos y puedo mirar con mayor objetividad las circunstancias o situaciones en las que me siento así, podré valorarlas y plantearme como cambiarlas.

Si dejo de sentirme víctima y me siento con la capacidad de tomar decisiones, de buscar apoyos, de compartir mi tristeza o mi miedo, si asumo la responsabilidad de mis propios sentimientos, podré darme cuenta de que soy más libre y capaz de lo pensaba.  Y en lugar de centrar mis acciones en el otro, en la otra, me centraré en mi, en la construcción de mejores condiciones para mi.

Víctor Frank escribió que “cuando ya no se puede cambiar una situación tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros/as mismos/as”.

Quizá no podamos hoy cambiar todas las situaciones que nos provocan dolor y nos despojan de nuestros derechos, pero si podemos cambiar nuestra forma de reaccionar ante estas situaciones y así, haciéndonos cargo de nuestro propio cambio, seguro que contribuimos a cambiar el mundo.

 

Lecturas relacionadas:

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Supervisión de casos

Existen situaciones donde los terapeutas, incluso con varios años de experiencia profesional, pierden la perspectiva para ponderar el cómo ciertas situaciones críticas les vuelven vulnerables, sobre todo cuando éstas ocurren simultáneamente con condiciones vitales estresantes, por ejemplo, con un cambio significativo en la vida (ej. un duelo).

Por todo ello, la supervisión siempre se ha considerado una gran ayuda para el terapeuta, no únicamente para aquel que está iniciando su carrera profesional, también para el que lleva una larga experiencia a sus espaldas.

Así pues, la supervisión entre terapeutas es una herramienta esencial dentro de la práctica clínica; ésta ayuda a detectar las dificultades del terapeuta Novel y los momentos de duda y controversia del terapeuta experimentado.

Supervisión de casos clínicos:

En la supervisión se revisarán casos en los que los profesionales les resulte más complicado manejarse en la relación terapéutica.

     Para ello nos centraremos en:

  • Observar los aspectos que se dan en la relación terapéutica con el paciente.
  • Ver aspectos transferenciales que puedan estar bloqueando al paciente.
  • Darnos cuenta de las contra-transferenciales que se dan en el vínculo terapéutico y utilizarlo como vehículo de intervención.
  • Ejercitar y abrir la escucha activa y empática de las emociones y de la situación del paciente.
  • Ampliar el entendimiento de la vivencia del propio paciente
  • Detectar las resistencias del paciente para ayudarle a producir un cambio
  • Observar y trabajar las posibles “escenas temidas” del terapeuta que bloquean la relación terapeuta-paciente.
  • Reforzar las habilidades cómo terapeuta
  • Aprender a manejo las situaciones difíciles: desarrollar recursos, estrategias y ver las maneras más adecuadas de abordarlas según el propio estilo del terapeuta.
  • Entender diferentes tipos de patologías y trastornos de personalidad que surjan a lo largo del proceso de la supervisión.

Encuentros:

Supervisión individual

Durante 50 min. presencial o vía skype.

Supervisión grupal

Donde cada asistente presenta un caso clínico en grupo.
La supervisión en grupo tiene la ventaja de ver las distintas perspectivas de los compañeros bajo la coordinación del terapeuta, enriqueciendo así la dinámica de la supervisión.

La frecuencia de los encuentros será quincenal en sesiones de 2 horas. Los grupos tendrán entre 2- 4 personas máximo.

 

Certificación:

Se certifican las horas de supervisión individual y grupal para personas que están formándose o se hayan hecho la formación en terapia gestalt según los requisitos de la AETG, y las necesiten para completar su acreditación como terapeuta gestalt.

Trabajo a cargo de Mariate López García

Soy miembro titular, didacta y supervisor acreditado por la Asociación Española de Psicoterapia Gestalt (AETG) y Psicoterapeuta acreditada por la FEAP y la EFPA. Además miembro de la Asociación Española de terapia EMDR.

 

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El significado del amor

¿Qué es el amor?

Podemos sorprendernos al acudir a buscar online la definición de amor en el diccionario de la RAE. Las tres primeras acepciones que nos encontramos son las siguientes “Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser”. “Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear”, “Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo”.

Pero ¿de dónde vienen estas ideas del amor? En Occidente, la importancia del amor se basa en la institución de la familia, a través del matrimonio como institución social básica. Suele situarse su origen en la Edad Media.

Somos seres sociales, nacemos y nos desarrollamos en una cultura y se nos transmiten los valores existentes en esa época histórica, en ese espacio, en ese entorno.

El amor, es uno de los constructos sociales que orientan nuestra vida cotidiana y nuestros objetivos, que van a construirse con creencias y valores de los que, en ocasiones, no seremos conscientes, pero que estarán siempre presentes.

La construcción del amor romántico, dificulta la percepción de ciertas conductas como abusivas y dominantes y dificulta el establecimiento de límites claros, elaborando justificaciones que se enmarcan en esta ideología.

Son muchos los mitos que se nos trasmiten acerca del amor. El amor se aprende, aprendemos a amar en nuestra familia, en nuestra sociedad, los medios de comunicación nos muestran lo que “es el amor”, y vemos como se elaboran discursos que asocian el ideal del amor en pareja al control, a la entrega, a la incondicionalidad y la vulnerabilidad emocional.

En la socialización femenina, el amor sigue jugando un papel primordial, siendo la experiencia que más nos define. Lograr y mantener el amor en pareja constituye uno de los objetivos vitales y para ello, en ocasiones, somos capaces de ceder parte de nuestra libertad, de nuestros derechos.

Uno de los mitos del amor romántico es el de los celos. Los celos son consideramos como uno de los requisitos del amor verdadero, si nuestra pareja no siente celos podemos llegar a dudar de la “veracidad” de su amor.

Los celos se basan en la idea de exclusividad, cualquier comportamiento puede ser entendido bajo el prisma subjetivo de “no soy lo más importante”. Con esta creencia errónea, podemos llegar a justificar todo tipo de comportamientos injustos y egoístas. Justificaremos conductas de control (del tiempo, las amistades, la economía, la ropa…)

Cuando el discurso oficial es el de la igualdad de derechos, seguimos encontrándonos con comportamientos cotidianos en los que estos derechos son vulnerados y no nos damos cuenta, ya que podemos encontrar justificaciones bajo el mito del amor romántico.

El umbral de tolerancia social con algunas conductas hace que estas se naturalicen y que se justifiquen salvo en niveles muy altos de abuso. Las conductas de dominación relacionadas con el abuso físico son las que están más claramente definidas mientras otras pasan desapercibidas. Por esta razón Luis Bonino, elaboró el concepto de micromachismos, para describir las “actitudes de dominación “suave”, o de “bajísima intensidad”… hábiles artes de dominio, de manipulación…”

ilustrador C.M. Alvert

Es necesario revisar el ideal de amor que hemos interiorizado y  visibilizar sus consecuencias en nuestras relaciones, delimitar claramente la diferencia entre control y cuidado y no justificar ninguna conducta en nombre del amor.

Confundimos el amor con enamoramiento, con dependencia, con deseo sexual, con posesión y un largo etcétera.

Cada persona tiene valor en sí misma, cada persona es única y completa, una totalidad. 

Sólo desde el convencimiento profundo de que todas las personas somos equivalentes y equipotentes podremos, desde la reflexión y el diálogo, establecer relaciones saludables.

Referencias Bibliográficas:

 

Artículo escrito por:

Fanny Sánchez Juan

Psicóloga especialista en Psicología Clínica, Medicina Psicosomática y Psicología de la Salud, Infancia y Adolescencia, Género y Desarrollo.
Colegiada M-11119
 
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