Mindfulness

Nuestras vidas cotidianas hoy dia, están saturadas de estímulos, se nos presentan imágenes, sonidos, olores… y además nuestros pensamientos no paran, tenemos siempre algo en la cabeza, algo pendiente, algo que nos preocupa, algo que planificar…
La sociedad de consumo nos presenta multitud de posibilidades a las que se supone que debemos responder. Demandas externas y demandas internas, exigencia y autoexigencia y así no nos queda tiempo ni espacio para contactar con nuestro interior, para sentir nuestro cuerpo, para sentirnos, para darnos cuenta de lo que nos está pasando, qué estamos sintiendo, pensando, haciendo.
La ansiedad y el estrés son hoy día uno de los mayores problemas de salud en el mundo occidental. En este contexto surge la necesidad de incorporar estrategias de prevención y afrontamiento y es aquí donde se sitúa la práctica del mindfulness.

El estrés es una reacción adaptativa de nuestro organismo que nos prepara para afrontar peligros, es una respuesta de supervivencia para la que el ser humano está biológicamente preparado. Cuando el peligro pasa y hemos hecho lo necesario para solucionar la situación, el organismo, que ha gastado toda la energía destinada a este afrontamiento, vuelve a su estado anterior y recupera la calma. Pero hoy día, ante la sobre-exigencia y la sobre-estimulación, vivimos en situaciones de estrés mantenido que llamamos distrés.

Se suele situar el inicio de mindfulness en 1979, año en que Jon Kabat-Zinn, biólogo molecular y practicante de yoga y meditación Zen, creó una clínica para la reducción del estrés en el Hospital Universitario de Massachusetts. Desarrolló un programa de ocho sesiones basado en la meditación, pero sin las creencias religiosas asociadas a la misma. Este programa de “reducción del estrés basado en la atención plena” (MBSR) demostró gran eficacia en la mejora de síntomas de estrés, fobias, ansiedad, depresión, dolor crónico y muchas otras situaciones de malestar.
La eficacia de esta práctica ha hecho que se realicen numerosas investigaciones desde la neurociencia y otras disciplinas relacionadas con la salud bio-psico-social.

Cuando vivimos en condiciones de estrés distrés, todo nuestro sistema se ve afectado. El exceso de demandas hace que nuestro sistema de atención funcione de forma automática y en estado de alerta permanente.
Siegel afirma que muchas personas hoy día “viven en piloto automático”. Esto quiere decir que vivimos sin conciencia y el pensamiento automático es el que está presente en nuestra cotidianeidad. Este automatismo nos lleva a mantener estilos de vida perjudiciales. La toma de conciencia generará cambios, no sólo a nivel conductual, también a nivel emocional y biológico.

Como dice Vicente Simón, uno de los pioneros de la práctica de mindfulness en España, para estar en el presente hay que separarse de “la voz que habla en nuestra mente”.
Mindfulness es una atención relajada, no es concentración, nos recuerda a la atención que prestamos en la infancia, cuando estamos en el presente, viviéndolo, no pensándolo.


A través de la práctica, aprendemos a observar la experiencia sin juzgar, observar los pensamientos, emociones y o sensaciones. No es dejar la mente en blanco, escapar del dolor, no se deja de sentir, no es controlar, no es relajación, ni pensamiento positivo. Es aceptación, aceptar lo que es, el dolor, el miedo, la incertidumbre.
Los numerosos estudios realizados, muestran que la práctica de mindfulness, puede ayudar a afrontar problemas de salud muy diversos. Mantener la conciencia en el momento presente, sin conectarnos con pensamientos, emociones, juicios… nos ayuda a promover y mantener el equilibrio emocional.

Muchas enfermedades como el cáncer, diabetes y problemas cardiovasculares, psoriasis, problemas digestivos, trastornos del sueño y un largo etc., generan un gran impacto en la vida diaria, tanto por su sintomatología, como por el diagnóstico y el tratamiento. La práctica del mindfulness mejora la calidad de vida de las y los pacientes pues contribuye a generar recursos personales que ayudan a modificar los estilos de vida y aumentar la participación en el tratamiento.

En Occidente hemos aprendido a criticarnos, exigirnos, nunca es suficiente lo que hacemos, no somos suficientemente buenos/as, no merecemos lo bueno que tenemos… Dado que la práctica del mindfulness nos ayuda a aceptar lo que es, también nos ayuda a aceptarnos, y sólo desde la aceptación podemos decidir establecer cambios posibles.

Respirar, caminar y comer, son tres acciones cotidianas que, realizadas con conciencia, nos proporcionarán la entrada a otra manera de estar en el mundo.

No tenemos que creerlo, lo mejor es comprobarlo, solo ocho semanas para comprobar qué efecto tiene esta práctica, nada que perder y mucho que ganar. Como dice en uno de sus poemas Mario Benedetti “las cosas triviales son fundamentales”, y son los cambios, en estas acciones que nos parecen triviales, los que nos pueden llevar a un cambio profundo.

Artículos de interés:
Mindfulness en medicina. Liétor Villajos
Breve historia y estado actual de la práctica de Mindfulness. Pons y Araya
Mindfulness y su relación con el estrés laboral Llanos, María
Mindfulness y Neurobiología. Vicente M. Simón 2007 Revista de Psicoterapia

 

Artículo escrito por:

Fanny Sánchez Juan

Psicóloga especialista en Psicología Clínica, Medicina Psicosomática y Psicología de la Salud, Infancia y Adolescencia, Género y Desarrollo.
Colegiada M-11119
Compártelo con tus amigos
Esta entrada fue publicada en Psicoeducación y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *