El apego adulto

Nuestra seguridad y nuestra infancia

¿Qué hace que una persona se sienta segura, tranquila, con confianza en sí misma, en los y las demás y  en la vida?

La respuesta a esta pregunta tiene, casi siempre, sus raíces en nuestra primera etapa de vida, en nuestra infancia. Si preguntamos a una persona adulta como fue su infancia, pueden darnos una respuesta genérica de buena o mala. Habitualmente es mala cuando ha habido sucesos traumáticos y/o la persona no se ha sentido aceptada o querida en su entorno.

Muchas personas nos dirán que su infancia fue buena, pero si miramos  con profundidad, también hubo situaciones adversas, personas que no les trataron bien, vivencias de inseguridad o miedo.

Tanto en uno como en otro grupo, encontraremos quienes siente confianza y seguridad y quienes por el contrario, sienten desconfianza e inseguridad.

Las relaciones que establecemos en la infancia con nuestras figuras de referencia van a determinar la sensación subjetiva de bienestar. A estas relaciones les llamamos relaciones de apego.

Bowlby fue el pionero del trabajo en apego, en 1969 describió como se establecen estos vínculos con las personas que nos cuidan y la ansiedad que separarnos de estas personas genera.

Nacemos con una programación para la supervivencia, la criatura humana depende de quienes la cuidan para poder vivir y crecer ya que por si sola es incapaz de cubrir sus necesidades vitales. Para poder desarrollar una base segura, que nos de sensación de bienestar, necesitamos afecto, un afecto que cumpla tres requisitos: proximidad, seguridad y refugio.

Si observamos el comportamiento infantil en un parque de juegos, veremos como el niño o la niña mantiene una relación con su figura de referencia, se alejan siempre que puedan mantener contacto visual, sienten seguridad cuando está figura está presente y accesible y se asustan si no saben donde está, hasta llegar a sentir miedo.

En 1982, Morros planteó que el vínculo primario de apego es el prototipo para las relaciones adultas.

Tipos de apego:

Se diferencia  tres tipos de apego, en cada uno la figura cuidadora tiene unas características determinadas que dan lugar a diferentes comportamientos infantiles.

  • Apego seguro:

Hablamos de apego seguro, cuando la persona de referencia está disponible, receptiva y se relaciona con calidez. Esto estimula la exploración activa, respuestas positivas ante esta persona que cuida y ansiedad si se produce la separación

  • Apego evitativo:

En el apego evitativo, la figura de referencia muestra rechazo, rigidez, hostilidad y cierta aversión al contacto, con esto se genera conductas de distanciamiento y de evitación del cuidador o cuidadora.

  • Apego Ansioso-ambivalente:

En el caso del apego ansioso-ambivalente, habrá inconsistencia, intrusividad e insensibilidad lo que dará lugar conductas de ansiedad, enfado, ambivalencia y protesta.

Muchas son las variables que afectan a la relación de apego, además del estilo de la madre, del padre y de las principales figuras cuidadoras, está el temperamento individual del niño o la niña; además las situaciones vitales que van sucediendo pueden alterar el modelo relacional.

Cuando las figuras de referencia tienen dificultades, los vínculos se verán afectados. Enfermedades, accidentes, pérdidas, conflictos… todo cuanto acontece puede afectar al modelo relacional.

En función del tipo de apego, elaboraremos unas creencias sobre los y las demás y sobre nosotras y nosotros  mismos. Un indicador de las relaciones de apego es la forma en que nos relacionamos con el trabajo, tanto con la actividad en sí como con el resto de compañeros/as. El apego seguro se relaciona con la alta autoestima y con bajos niveles de afectividad negativa.

El tipo de apego, se relaciona por tanto con la forma en que transmitimos el amor, expresamos las emociones y establecemos los limites.

Como personas adultas podemos hacernos cargo de nuestra manera de vincularnos y hacer los cambios necesarios para poder sentir seguridad y mejorar nuestra sensación de bienestar.

 

Hacernos cargo de nosotros y nosotras mismas, relacionarnos desde la aceptación y el amor con quienes somos, nos permitirá vincularnos de forma segura con el entorno. Una manera de hacernos cargo es la búsqueda de ayuda especializada, dándonos así la importancia que tenemos y situándonos en el centro de nuestra propia historia.

Textos de referencia y Lecturas recomendadas:

  • El apego adulto. Judith Feeney y Patricia Noller. Publicado por Desclée De Brouwer (2012)
  • Supera tu pasado. Francine Shapiro. Publicado por Kairos
  • Teoría del apego. Mario Marrone. Publicado por Psimatica, 2013

 

Artículo escrito por:

Fanny Sánchez Juan

Psicóloga especialista en Psicología Clínica, Medicina Psicosomática y Psicología de la Salud, Infancia y Adolescencia, Género y Desarrollo.
Colegiada M-11119
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